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Bienvenido al lado oscuro de Disney...

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Rapunzel


Una pareja formada por una cocainómana ex prostituta y su antiguo chulo, adicto al crack, vivían en una chabola en medio de un descampao minado de jeringuillas (no precisamente de inyecciones médicas). Ellos fueron el resultado de una boda gitana con rosquillas como alianzas y caballo con nieve de postre del banquete, en el que se sirvieron todo tipo de manjares afrodisiacos, tales como colas de rata empanadas con kechus (cortesía del KFC), dedos humanos en brochetas y cucarachas ahumadas en cama de cáscara de huevo mohosa.
Esa pareja se pasaba el día fornicando (en su cama, en la encimera, en la valla del seto de la vecina, etc) y se les oía por todo el vecindario. Los camellos estaban ya desesperados con los gritos.
Hasta que un día, se les rompió el dedo de guante que usaban día tras día como gomita, y como todos sabemos, sin dicha gomita, uno mas uno, pueden ser tres. Pues este fue uno de esos casos.
Tras una prueba de embarazo del top manta de la esquina, se supo que ella estaba empreñá.
En la parcela de al lado, en una acsa okupa, vivía una anciana transexual mal operada. En el jardín de aquella “mujer” había un melocotonero cochambroso plagado de hormigas y carcoma, del que la vieja comía con gusto (los gusanos, claro).  
El caso, es que a la embarazada se le antojaron unos melocotones putrefactos de esos, y su marido, como buen calzonazos, fue a conseguírselos. Mientras trepaba por la valla, destrozándose la entrepierna en el proceso, la mujer dueña de dicha valla, desde el ventanuco (creado a partir de una lavadora vieja) pudo ver al hombre robándole las cosechas. Él, extrañamente excitado con la presencia de la anciana, y en aquella postura denigrante sobre la valla, con una pata a cada lado, saltó de la misma y empotró contra el arbolillo a la demacrada mujer. Estuvieron horas copulando como salvajes, y después de dicho polvo, ella accedió a darle sus arrugados melocotones (en los dos sentidos) a cambio del niño o niña que naciera, con la escusa de que saliendo de un padre tan feo, sería un craco salvaje y la adicta a la coca no lo querría.
El día del parto, la pareja pensó que lo que salió de ahí era un alien, o un gremlin mojao’ (entre lo fea que era la criatura y lo "limpia" que venía...). La predicción de su vecina, ahora dedicada al tarot, era cierta. Su hija (porque salió niña), era horrible, como un coágulo en una cloaca, era tan fea que temieron que se tratara de un murciélago (BA DUMM TSSS).
http://www.ree.es/medio_ambiente/imagenes/biodiversidad/murcielago_cabrera.jpgLa vieja, que ya chocheaba bastante, se llevó a la cosa al grito de “¡¡BEBÉ A MORDOR!!” a su casa. Allí la crió como si fuera suya, con el nombre de Rapunzel. Cuando Rapunzel cumplió 12 años, su madre adoptiva la encerró en una torre en medio del bosque, como castigo por raparse la cabeza y hacerse un tribal en el papo.
Cuando quería ir a verla, le gritaba que tirara por la ventana sus greñas, formadas únicamente con super glue y vellos púbicos trenzados. Con ese material que Rapunzel, en un arranque de aburrimiento empezó a crear años atrás, la mujer subía a la torre.
La cautiva, sin nada más que hacer, se enganchó al LSD y al éxtasis, y trenzaba entre chute y chute.
http://lasolidaria.blogspot.es/img/dory.gifAlucinando como nunca nadie por las drogas, se apoyó en el ventanucho de la torre cantando: “Sigue nadando, sigue nadando, sigue nadando, nadando, nadando, ¿qué se hace? Nadar. SI. Ahhhaaaahh allá voy nadaaandooo.....” con la suerte de que por allí pasara un fugitivo del sanatorio mental del distrito, que la escuchó delirar y le pareció la conción más bonita que había oído (decía que oía voces en su cabeza. Los lunnis principalmente). Se escondió detrás de unos árboles estudiando estrategias para subir a la torre para ver quién era la que berreaba, hasta que apareció la mujer, la “madre” de Rapunzel. La escuchó gritar algo sobre tirar algo por la ventana. Seguidamente, descendió por el muro la “cuerda” de indestructible material, por la que subió aquella extraña señora. El enfermo mental, se acordó de que había un botellón cerca y no se lo quiso perder, así que se alejó de allí dando tumbos, como había venido.
Al caer la noche, volvió a aparecer por el lugar el loco, que con el ciego que llevaba encima, confundió un par de veces los desechos de algún oso enfermo con su pote de maquillaje (era metrosexual), y llegó a la torre pensando que iba en una misión secreta del ejército antiguo (sí, queridos lectores, este también se drogaba de lo lindo). Gritó entre arcada y arcada a Rapunzel que le tirara su pelo, y ella lo hizo obedientemente.
Cuando subió a la habitación de la cautiva, esta estaba cantando Camela, con lo que acabó de engatusar al pobre hombre y le convenció de casarse con ella.
La madrastra lo escuchó, así que le confiscó a Rapunzel toda su cuerda y la mandó a vivir al burdel más alejado de allí para que no volviera a verle.
Al caer la noche, cuando llegó Manolo (así se llamaba en realidad el perturbado), le contó lo que había pasado, y le roció los ojos con “Expray de Pimienta Extra”, del del Carrefús, el más barato y el de peor calidad que había. Le dejó ciego.
Años después, el hombre ciego pasó por donde vivía Rapunzel. La escuchó cantando Justin Bieber, y recuperó la vista del susto. Su nueva visión le permitió ver a Rapunzel y sus desagradables gustos, y para que parara de berrear ese horrible ruido, le dio su más preciada posesión, los restos  de droga. El resto es un viaje en ambulancia a urgencias por coma etílico, los dos a la vez. Cuando despertaron, en una clínica de desintoxicación, decidieron escapar y volver a su anterior forma de vida.
Terminaron hasta el culo de pastillas, LSD, caballo, cannabis, cocaína, etc.
Murieron haciendo lo que más les gustaba, compartir un porro en mal estado.

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Aquí está Rapunzel con su "materia prima":


 



Radio Patio

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