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Bienvenido al lado oscuro de Disney...

lunes, 12 de noviembre de 2012

El retrato de Dédie



Dédie acordó hace unos días con su conocido Amadeo el hacer un retrato suyo, por tres napos con el que sacar a su hermano pequeño (se lo encontraron en las vías de tren envuelto en un trapo sobre una montaña de cuquichas) de la desnutrición. Robó un bonito vestido negro algo zarrapastroso, pero con el que le dejarían ir por la calle, y que su yaya colocara sus greñas en un sencillo moño suelto (y ya sabéis lo que se dice: cuanto más alto el moño, más abierto el... ENSALADA. Bueno, pues ella hacía efecto ventosa cuando se sentaba). Cuando llegó al lugar donde sería pintada, Amadeo Modigliani, el pintor, la saludó con un gesto de la mano, y la indicó que la siguiera hacia otra habitación de la estancia. Allí se encontraban sus útiles de pintura (pintura de  heces de paloma (las ratas del aire) y sangre anal de hormiga) y una silla de madera con carcoma para que ella posara sobre ella. Le indicó cómo debía colocarse para que la luz que entraba a la estancia por un pequeño ventanuco en la pared le iluminara los rochones de suciedad de la cara (según él, le realzaban los ojos). Mientras Modigliani pintaba, ella luchaba por estarse quieta y hacía la lista de la compra en su mente. Estaba entre colines y alcachofas, o “quechus” y sanjacobos. No le daba para nada más, estaban pasando momentos difíciles con el trabajo (pocos clientes en el club de estritis). Ella y su hermano adoptivo eran huérfanos. A Dédie, cuando tenía 2 días de vida, se la encontró una mañana de agosto en un callejón un joven que volvía a su casa con resaca y la dejó en un hospital psiquiátrico que había cerca. Hasta los 9 años estuvo viviendo allí, pero con la crisis la echaron del lugar y tuvo que arreglárselas sola en la calle, viviendo como un muchacho callejero. A los diez años empezó a prostituírse en bares de carretera, y en una de sus rondas en una noche tranquila sin muchos clientes, encontró a el que sería su hermano, que hasta los 13 pensó que se llamaba “Cállate”, y se quedó con el nombre porque Dédie no se había molestado en ponerle uno. Cuando cumplió los 18, entró a trabajar en una lavandería, donde estuvo trabajando hasta los 23, cobrando un salario pésimo, hasta que consiguió el dinero para vivir de alquilada en una casucha en el centro. Allí acogió a su abuela, que estaba entre los 90 y la muerte, con un pie en la tumba. A sus 25 años, la desgracia inundó la vida de los dos pobres chicos. Murió su querida abuela, y para contrarrestar el dolor de su pérdida, Cállate se volvió drogadicto (no le hacía ascos a nada, no discriminaba. Se metía coca, pastis, etc. Incluso algas alucinógenas. Y setas. Tenía complejo de Mario Bros (ba-dumm TSS). Pues eso). Cuando ella cumplió los 28 y su hermano salió de la clínica de desintoxicación, les echaron de la casa en la que vivían porque hacía 2 años que no pagaban el alquiler. Fue entonces cuando Dédie acordó con Amadeo Modigliani lo de hacer el retrato. Después de que el pintor le pagara, sacó de su problema a su hermano Cállate y se hizo ludópata. Se gastó todo lo que tenían jugando al chinchón y a la brisca con las ancianas del barrio.
Actualmente, Dédie tiene 5 hijos sin padre (era muy abierta, la chica) y vive con su hermano  en los suburbios de una ciudad colmada de pobreza y desesperación, en una casa okupa. Ella es drogadicta y trabaja de carterista, y su hermano ha estado trabajando dos años de drag-queen, pero lo dejó y se las arregló para que le aceptaran en los top-mantas.
Y YAS TA


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Vale. VALE. V-A-L-E. No es nada de Disney, ok, no lo es. Pero ¿qué pasa con la libertad de expresión? ¿ehee? ¡¿QUÉ?! ¿Quién dice que yo ahora no puedo subir una entrada sobre un cuadro? Esque los recortes...

 

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