Dédie acordó hace unos días con su
conocido Amadeo el hacer un retrato suyo, por tres napos con el que sacar a su
hermano pequeño (se lo encontraron en las vías de tren envuelto en un trapo
sobre una montaña de cuquichas) de la desnutrición. Robó un bonito vestido
negro algo zarrapastroso, pero con el que le dejarían ir por la calle, y que su
yaya colocara sus greñas en un sencillo moño suelto (y ya sabéis lo que se
dice: cuanto más alto el moño, más abierto el... ENSALADA. Bueno, pues ella hacía
efecto ventosa cuando se sentaba). Cuando llegó al lugar donde sería pintada,
Amadeo Modigliani, el pintor, la saludó con un gesto de la mano, y la indicó
que la siguiera hacia otra habitación de la estancia. Allí se encontraban sus
útiles de pintura (pintura de heces de
paloma (las ratas del aire) y sangre anal de hormiga) y una silla de madera con
carcoma para que ella posara sobre ella. Le indicó cómo debía colocarse para
que la luz que entraba a la estancia por un pequeño ventanuco en la pared le
iluminara los rochones de suciedad de la cara (según él, le realzaban los ojos).
Mientras Modigliani pintaba, ella luchaba por estarse quieta y hacía la lista
de la compra en su mente. Estaba entre colines y alcachofas, o “quechus” y
sanjacobos. No le daba para nada más, estaban pasando momentos difíciles con el
trabajo (pocos clientes en el club de estritis). Ella y su hermano adoptivo
eran huérfanos. A Dédie, cuando tenía 2 días de vida, se la encontró una mañana
de agosto en un callejón un joven que volvía a su casa con resaca y la dejó en
un hospital psiquiátrico que había cerca. Hasta los 9 años estuvo viviendo
allí, pero con la crisis la echaron del lugar y tuvo que arreglárselas sola en
la calle, viviendo como un muchacho callejero. A los diez años empezó a
prostituírse en bares de carretera, y en una de sus rondas en una noche
tranquila sin muchos clientes, encontró a el que sería su hermano, que hasta
los 13 pensó que se llamaba “Cállate”, y se quedó con el nombre porque Dédie no
se había molestado en ponerle uno. Cuando cumplió los 18, entró a trabajar en
una lavandería, donde estuvo trabajando hasta los 23, cobrando un salario
pésimo, hasta que consiguió el dinero para vivir de alquilada en una casucha en
el centro. Allí acogió a su abuela, que estaba entre los 90 y la muerte, con un
pie en la tumba. A sus 25 años, la desgracia inundó la vida de los dos pobres
chicos. Murió su querida abuela, y para contrarrestar el dolor de su pérdida,
Cállate se volvió drogadicto (no le hacía ascos a nada, no discriminaba. Se metía
coca, pastis, etc. Incluso algas alucinógenas. Y setas. Tenía complejo de Mario
Bros (ba-dumm TSS). Pues eso). Cuando ella cumplió los 28 y su hermano salió de
la clínica de desintoxicación, les echaron de la casa en la que vivían porque
hacía 2 años que no pagaban el alquiler. Fue entonces cuando Dédie acordó con
Amadeo Modigliani lo de hacer el retrato. Después de que el pintor le pagara,
sacó de su problema a su hermano Cállate y se hizo ludópata. Se gastó todo lo
que tenían jugando al chinchón y a la brisca con las ancianas del barrio.
Actualmente,
Dédie tiene 5 hijos sin padre (era muy abierta, la chica) y vive con su hermano
en los suburbios de una ciudad colmada de pobreza y desesperación, en una
casa okupa. Ella es drogadicta y trabaja de carterista, y su hermano ha estado
trabajando dos años de drag-queen, pero lo dejó y se las arregló para que le
aceptaran en los top-mantas.
Y YAS TA
Radio Patio
Vale. VALE. V-A-L-E. No es nada de Disney, ok, no lo es. Pero
¿qué pasa con la libertad de expresión? ¿ehee? ¡¿QUÉ?! ¿Quién dice que yo ahora
no puedo subir una entrada sobre un cuadro? Esque los recortes...
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